martes, 22 de octubre de 2013

EN BUSCA DE ALGO LLAMADO INSPIRACION (II)



Como vimos en la anterior entrega de la "serie", hay dos opiniones diferentes entre los escritores acerca de la inspiración: hay algunos que sienten que es un estado interior, una disposición casi mística sin la que cualquier trabajo será en vano; otros, en cambio, nos dicen que la inspiración llega en el mismo proceso de escritura, que no es más que trabajo y constancia porque precisamente esa dinámica es la que provoca que surjan las ideas (“Si un día me llega la inspiración, que me encuentre trabajando”, dijo uno de ellos).
Entre esas dos corrientes existe un amplio territorio en el que encontrar nuestra propia manera de estimular la creatividad: dependerá de nuestra forma de escribir, de nuestro estilo, de nuestras rutinas y tiempo disponible, del tipo de historia o, incluso, del género. En mi caso, por ejemplo, me resulta difícil escribir poesía sin ese “estado interior” de gracia, lo que no me sucede con la prosa. Me ha ocurrido a menudo comenzar un poema con una idea clara de lo que quería decir, y encontrar que las imágenes no fluían, que no era capaz de expresar con palabras el sentimiento, o que estas eran demasiado prosaicas o tópicas. En cambio, cuando una historia me ronda la cabeza, parece que la mejor manera para que se desarrolle y cobre vida es, precisamente, comenzar a escribirla. El mismo estímulo de la escritura continuada hace que la inspiración llegue, porque nuestro cerebro está trabajando en esa historia durante todo el día, sin que a menudo seamos conscientes de ello: cualquier detalle que observemos a nuestro alrededor, cualquier gesto de una persona que podríamos destinar a nuestros personajes, cualquier emoción que nos provoque un recuerdo, la asociaremos a esa novela o relato en la que estamos trabajando y que, durante días o durante años, nos acompañará como un mundo paralelo del que entramos y salimos continuamente con la imaginación.
No se trata de ningún misterio ni de magia (aunque sea un proceso que nos sorprenda y maraville y al que es difícil poner reglas); todo está en nuestros procesos mentales, tanto los que parten de nuestro interior como los que nos ponen en contacto con el exterior.
En primer lugar, es en nuestro interior donde encontramos la motivación para escribir: conocernos o que nos conozcan, entender el mundo o ser entendidos por él, contar algo que nos entusiasma o q nos inquieta, denunciar una situación, sentir la satisfacción de crear algo nuevo… Y en también en nuestro interior donde encontramos los primeros materiales para escribir: vivencias propias, recuerdos, emociones, reflexiones.
Desde el exterior, ya que afortunadamente estamos rodeados de seres únicos, complejos y ricos en experiencias, nos llegarán también materiales ajenos: las historias que nos cuentan, las formas tan distintas de reaccionar ante distintas situaciones, la variedad de puntos de vista, la pluralidad de sentimientos y de experiencias.
Cuanto mayor interés pongamos en observar lo que ocurre a nuestro alrededor y en hacernos preguntas a nosotros mismos, más material tendremos para alimentar la inspiración.
Pero no somos simples cronistas de historias o de emociones, propias o ajenas. El escritor (al menos el que pretende ser creativo) recoge todo ese material para darle nueva vida con las acuarelas y los cinceles de la imaginación. Cada mínima situación engloba múltiples maneras de ser interpretada y representada. Los temas de la literatura no son numerosos, algunos de ellos se repiten hasta la saciedad: podemos escribir la historia de un amor imposible como el de “Romeo y Julieta”, una reflexión sobre el poder como “La fiesta del chivo”, una saga familiar como “La de la casa de los espíritus” y, sin embargo decirlo de una manera nueva, imaginar algo que, tratando el mismo tema, lo haga distinto.
Quizás aquí se reconcilien las dos visiones acerca de la inspiración, quizás este sea el territorio limítrofe entre el impulso y el trabajo que algunos llaman de esa manera: en la imaginación. Estimular la imaginación y trabajar duro sobre los frutos que nos da es la mejor manera de acceder a ser tocado por los dedos de la musa.

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