Mi descubrimiento literario de este verano es el libro más hermoso que recuerdo haber leído: “El vino del estío”, de Ray Bradbury. Una novela que trata precisamente de veranos y descubrimientos.
Douglas es un niño de doce años que vive las vacaciones con su familia en un pequeño pueblo de los Estados Unidos. Ese será el verano donde haga dos descubrimientos trascendentales: que está vivo y que algún día morirá. Con un lenguaje poético y unas descripciones sorprendentes, Bradbury nos lleva a través de esos descubrimientos, emociones y momentos de lucidez:
“Estoy vivo, pensó.

¡Estoy realmente vivo!, pensó, ¡Nunca lo supe, y si lo supe no recuerdo!
Aulló en silencio una docena de veces. Piénsalo, ¡piénsalo! ¡Doce años y ahora lo descubro! Este raro reloj, este brillante mecanismo dorado que debe marchar durante años, dejado bajo un árbol, encontrado en una pelea.
-Doug –dijo su hermano- ¿qué te pasa?
-Tom… ¿saben todos en el mundo… que están vivos?”

“Y entonces, dentro de la Máquina de la Felicidad, Lena Auffman se echó a llorar.
Leo Auffman, aturdido, apagó la máquina.
-¡Oh, qué cosa más triste! –gimió Lena-. Me siento mal, terriblemente mal. –Salió de la máquina. Primero París…
-¿Qué tiene de malo París?
-Nunca pensé que estaría en París algún día. Pero ahora me has hecho pensar: ¡París! Y de pronto quise estar en París, ¡y supe que no estaba!
-Es casi como si fuera cierto.

-¡Te llevaré a bailar mañana a la noche!
-¡No, no! No es importante, no tiene que ser importante. Pero tu máquina dice que es importante. Y lo creí. ( ) Y la máquina me dijo “Eres joven”. Y no lo soy. ¡Miente esa Máquina de la Tristeza!
-¿Tristeza por qué?
La mujer estaba ahora más tranquila.
-Leo, cometiste un error. Olvidaste que en algún momento, algún día, uno tendría que salir de aquí e ir a lavar platos y hacer camas. Cuando estás dentro, sí, la puesta de sol parece eterna, el aire huele bien, la temperatura es agradable. Todo lo que quieres que dure, dura. Pero fuera, los chicos esperan el almuerzo, las ropas necesitan botones. Y, seamos francos, Leo, ¿Cuánto tiempo puedes mirar una puesta de sol? ¿Quién quiere que una puesta de sol no acabe nunca? ( ) Las puestas de sol son hermosas porque sólo ocurren una vez y desaparecen.”
Mientras los mayores se pelean con sus miedos y con su búsqueda de la felicidad, los viejos parecen tener mucho que enseñarnos sobre ese camino, como el placer de disfrutar cada momento con lo que se hace (el abuelo de Douglas y su ritual de cortar la hierba o embotellar el vino, la bisabuela, la hormiguita que mueve la casa hasta el día de su muerte) y comprender esos momentos han pasado y es el momento de morir.

Los ancianos son un reducto de sabiduría, una enciclopedia de historia viva, como el Coronel, a quien los niños llaman “la máquina del tiempo”. Pero, a su vez, ellos también aprenden hasta el último momento, porque la vida es una asignatura que nunca terminamos de conocer por completo. Como la señora Bentley que, enfadada porque los niños no creen que ella ha sido también niña, por más que se lo intente demostrar con fotografías o documentos, comprende que ella no es pasado, sino presente, como le hubiese dicho su difunto marido:

“-Querida mía –había dicho el señor Bentley- nunca entenderás el tiempo, ¿no es verdad? Siempre intentando ser lo que fuiste en vez de ser lo que eres.
¿Y si él hubiese estado vivo esta noche, qué diría?
-Estás guardando capullos de gusanos –eso diría- Corsés, en cierto modo, que ya nunca podrán servirte. ¿Por qué? No puedes probar realmente que fuiste joven. ¿Retratos? No, mienten. No eres el retrato.
-¿Documentos?
-No, querida. No eres las fechas, ni la tinta, ni el papel. No eres esos baúles llenos de restos inútiles y polvo. Eres sólo tú, aquí, ahora… el tú presente.”
Pero los niños también tienen sus propias preguntas, inquietudes, dolor por las pérdidas, y miedos, no tan lejanos de los de los mayores. El descubrimiento de que el mundo cambia, las máquinas se rompen, los amigos se van, lo seres queridos fallecen y él mismo morirá algún día, como una verdad universal, sume a Douglas en una enfermedad grave, pero común: la tristeza. Una enfermedad que le lleva cerca de la muerte y de la que solo le salvará alguien que la conoce bien: el señor Jonás, el trapero:
“-Algunas personas se vuelven tristes cuando son aún terriblemente jóvenes. Sin motivo especial, parece. Casi como si hubiesen nacido así. Se lastiman más fácilmente, se cansan más pronto, lloran más, recuerdan más. Y, como digo, se vuelven tristes antes que nadie en el mundo. Lo sé, pues soy uno de ellos.”
Pero el señor Jonás, que se dedica a reunir en su carro y repartir luego lo que a unos les sobra y otros necesitan, tiene un remedio para Douglas:
“Alzó una botella a la luz.

El aire fresco que limpia el corazón maltrecho de Douglas, y le impregna del amor incondicional a la vida y del sentimiento de que no está solo, el único remedio para las pérdidas y para el miedo. El final del verano puede convertirse en la esperanza de un verano aún mejor.
“-Tengo un presentimiento –dijo Douglas.
-¿Qué?
-El año próximo será todavía más grande, los serán más brillantes, las noches más largas y oscuras, morirá más gente, nacerán más bebés, y yo estaré en medio de todo.
-Tú y dos billones de personas más, Doug, recuérdalo.
-Un día como hoy –murmuró Douglas- siento que estaré… solo.
-Si necesitas ayuda –dijo Tom- da un grito.
-¿Qué puede hacer un hermano de diez años?
-Un hermano de diez años tendrá once el año próximo. Desenrollaré el mundo como la banda de una pelota de golf todas las mañanas, y lo pondré como antes todas las noches. Te mostraré cómo, si quieres.
-Estás loco.
-Siempre lo estuve –Tom se puso bizco y sacó la lengua- Siempre lo estaré.
Un libro para disfrutar como lectores, como seres humanos, como habitantes del mundo. Pero también para investigar como escritores. La próxima semana tomaré un texto de la novela para intentar destriparla y averiguar qué pócima utiliza Bradbury para escribir así. Tal vez se la dio Jonás, el trapero. Tal vez podamos desmenuzar los ingredientes.
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Ray Bradbury |
Me apunto la recomendación y le aviso, doña Loren, de que se ha concedido un Premio Liebster a su blog: http://eldobledeldentista.blogspot.com.es/2012/09/premio-liebster.html.
ResponderEliminar¡Qué guay! Estás que no paras, doble del dentista
ResponderEliminarGracias por tu aviso y tu mención. Ya me contarás.
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