Respiro y trago en cada contracción
voluntad de cangrejo, arena y agua.
He decidió parirme a mí misma
con las lágrimas justas en los pulmones
y la tenacidad de los helechos.
Soy mi propia madre y su propia hija,
que entre las bocanadas de placenta
devuelve al remitente los dolores aprendidos
y heredados.
Escarbo con los puños
en la trampa cuna que me asfixia y me protege del miedo a las hogueras y a los sapos.
Me urge parirme
voy marcando fronteras al instinto de muerte
y mi cabeza embiste contra el cuello de un útero
de porcelana
que se niega a herirme con la vida.
Me doy a luz
inocente y con piel de armadillo,como las tormentas que devoran cedros y bahías,
pues de mi propio vientre
nací
sin ayeres hundidos en la nuca
ni futuros labrados más allá
de este primer instante.



