jueves, 5 de septiembre de 2013

PREMIO FEASFASS 2013


Os deseo a todos que hayáis tenido un buen retorno a la tranquilidad de los horarios y las hojas secas, ya un tanto cumplidos de nuevos paisajes y de la maravillosa laxitud de las siestas de brisa marina. Saliendo de su letargo, parece que la mente pide volver a la rutina de pensar, imaginar, inventar, crear. Feliz reencuentro con los cuadernos apaisados en los bolsos y con el Word en blanco que se va haciendo historias o versos.
Mientras vamos despertando, os cuento que he recibido otros dos premios: el de Poesía FEASFASS 2013, por mi poema "Antepasados" y la mención de honor en Prosa del mismo certamen, por el relato que a continuación os relato.
EQUIPAJE PARA LA OTRA VIDA

Ella se queda paralizada tras la puerta abierta, como sorprendida en la pista de baile sin conocer los pasos ni comprender la música. Había imaginado mil veces tropezarse con él en una calle, a través de un teléfono, en un sueño o en un recuerdo mal empaquetado. No estaba preparada para abrir la puerta y topársele así, de golpe, frente a frente. El, en cambio, parece saber exactamente cada paso del baile y marcar el ritmo. Le tiende un fajo de cartas con la misma naturalidad que si acabara de bajar la basura y abrir el buzón con una llave compartida.
            -Me las dio tu casero. No son de tus ligues, no te hagas ilusiones: esas las he quemado todas –bromea, mientras deja pasar las cartas entre sus dedos. Aunque no parece leer los remites, sus ojos no se alzan de los sobres- Mira: Clinica Moncloa, Doctor Bauman, Centro de Radiología Aventis…Todos los médicos de España parecen andar detrás de ti. Suele ser al contrario.
            -Sí, para el común de los mortales. Pero en mi caso, tú ya sabes, la ciencia no se resigna a perder mi cuerpo serrano. Por eso me acosan, me persiguen, he tenido que esconderme aquí –contesta ella fabricando un mohín despreocupado -Por cierto, ¿cómo me has encontrado?
            -¿No me vas a invitar a pasar? He conducido durante setecientos kilómetros para traerte el correo, lo menos que podías hacer es invitarme a una cerveza.
            Con una media sonrisa y un gesto de la mano le invita a entrar, apartándose lo suficiente como para que sus cuerpos nos se rocen en absoluto. Aún así una especie de chasquido eléctrico inunda el aire que los separa.
El apartamento es un estudio claro, ordenado y diáfano, casi más pequeño que la terraza que se abre al fondo, tras una gran cristalera desde la que los barcos recorren un Mediterráneo luminoso hasta el horizonte, donde se adivina la línea de costa africana.
            Ella llega a la terraza con dos cervezas frías. La espuma se queda en el bigote de él y siente deseos de limpiársela con la lengua, así que desvía la vista hacia esas cartas de médicos, que esperan ahora sobre la mesa y que piensa tirar directamente a la basura. No quiere dar más explicaciones a extraños prepotentes, no quiere leer más propuestas de terapias, no quiere más experimentos. Todavía
se le encoge el estómago y se le cierra la garganta recordando tantas de sus contadas horas dolorosas, inútiles, perdidas.
            -Te has enterado –dice mientras barajea los sobres, sin saber cuál ignorar primero.
            -No he abierto las cartas, si eso es lo que imaginas. Sólo las he mirado al trasluz, justo lo que me iban pidiendo. No lo supe así. Fue cuando me encontré con que habías regalado esto al portero –dice él, tirando sobre la mesa el mechero, oro y laca negra, un Cartier auténtico.
            -Te lo puedes quedar, ya no lo necesito. He dejado de fumar: ¡a lo mejor con eso me gano ver otros cuatro telediarios! Dáselo a la siguiente.
            El se muerde el labio y mira hacia el mar. Un silencio interminable. El mechero sobre la mesa, casi hace daño el brillo del oro, casi hace daño la oscuridad del negro.
            -¿Sabes que se te pasa por la cabeza cuando te dicen que la vas a palmar? –pregunta ella como
quien habla del tiempo- Nada de filosofías ni trascendencias, no creas, nada de eso. Sólo te vienen tonterías. Por ejemplo, yo pensé que se me quedaría casi entero el bono del gimnasio y que tenía unos guantes de rojos con un gorrito a juego que nunca iba a estrenar. Me pareció injusto, un fraude.
            -De modo que eso fue lo primero que pensaste –contesta él con tono neutro.
            -No. No fue eso lo primero que pensé. Pero casi.
            Ella se levanta y regresa con un cuenco de aceitunas verdes y otras dos cervezas. Esta vez él no toca el vaso, pero ella apura el suyo de un trago antes de hablar.
            -Quiero que te largues lo más rápido que puedas. Ya he solucionado mis cosas. A los del gimnasio les ha dado mal rollo, así que me han devuelto la mitad del bono; y yo le he regalado los guantes y el gorro a la secretaria. He dejado de fumar. Y también me había hecho a la idea de no verte más. De no verte nunca más, ya me había hecho a la idea, hace dos meses. Hace dos meses hubiese estado bien verte aparecer por esa puerta. Ahora no. Lárgate, hazme ese favor, no seas más chungo que los del gimnasio. Habrás venido con tu mujercita “de finde”, como decís vosotros, o a lo mejor te doy tanta lástima que te has atrevido a venir solo dejándole un menú de mentiras sobre la mesilla. Pobrecita mía, un par de polvos y adiós, te dirás, pero yo ya no tengo tiempo para olvidarte de nuevo. Ya no tengo tiempo de nada. No sé si sabes de lo que te hablo.
            Ahora él la mira a los ojos desafiante.
            -He venido solo, he venido sin mentiras. He venido para quedarme.
            -¿Quedarte? Mal negocio, guapo. Ni yo misma me voy a quedar, yo estoy de paso…¡bruuuum! ¡de paso que te pasas! –ríe torpemente- No. No te quedes. Ya no –ahora se pone profundamente seria y le enfrenta la mirada- Las noches se me van en blanco, no te dejaría dormir.
          
  -Tendré toda la vida para dormir… después.
            -No estoy de buen humor casi nunca.
            -¡Estupendo! Así para cuando me dejes estaré harto de ti, te odiaré, no te echaré de menos.
            -Tú no estás acostumbrado, mi rey. No es agradable…
            -¿Agradable? –le interrumpe bruscamente- ¿Sabes por qué no me vine contigo, por qué he tardado dos meses en decidirme? Porque estuve intentando olvidarte, ¡desesperadamente! Eso tampoco ha sido agradable. No, ha sido un calvario -busca la mano de ella, acaricia sus yemas, recorre las falanges de una mano que parece ausente- Cada día me decía lo que tú me acabas de decir –continúa- “Hoy puede ser el último día, no merece la pena, no tires todo por la borda por no aguantar un día más”; y eso mismo me desesperaba: “Hoy puede ser el último día, la última oportunidad de verla, aún es posible sentir su cuerpo enredado en el mío, una vez más devorar su boca, una última de sus bromas sin gracia, de sus lágrimas sin motivo, su último silencio mirándome”. Y eso me perdió, ¡soy tan protagonista! “¡Su último aliento, su último aliento tiene que ser para mí!”, me dije, “que muera con mi imagen eternamente en la retina, que sea yo el único que guarde las últimas imágenes de su rostro vivo, torciendo la boca para reírse sólo un poco, arrugando el entrecejo como quien oculta un misterio que cualquier día descubriré que no existe”
La mano de ella se cierra al fin sobre la de él. En su rostro se dibuja esa sonrisa que no acaba de ser, el entrecejo arrugado, mirándole en silencio.
 -Ahora voy a salir por esa puerta –continúa él, inapelable-, y regresaré con mi maleta; pero antes tendrás que contarme la verdad: ¿qué es lo primero que se piensa cuando a uno le dicen que va a morir?
Ella se mete una aceituna verde en la boca. Esas aceitunas machacadas que le gustaban a él, y que sigue comprando. Saborea el jugo agradablemente amargo.
            -Lo primero que pensé es que no volvería a ver tu cuerpo desnudo, nunca, en toda la eternidad. Y en mi caso la eternidad suena a mucho, te lo aseguro.
            El no va a cumplir su parte del trato. No parece dispuesto a bajar a por la maleta, aún no. Comienza a desnudarse despacio. El sol cae a sus espaldas. Los ojos de ella se inundan de paz. Ahora comienza a desnudarla a ella con unos dedos tardos y sabios que parecen tener toda la eternidad para entregarse. Ella se toca el pecho agitado, los pulmones consumidos. Pero es un dolor que ya no duele. Los ojos se le humedecen. Pero ya no es el miedo.


            La enfermera se acerca a los monitores con el sobresalto rutinario que precede a todas las muertes señaladas. Lleva demasiados años en aquel servicio como para que la afecte ya ese unirse de las máquinas en el mismo compás plano que señala el fin, como para que la sorprenda tan siquiera que la paciente lleve en la cara una sonrisa parecida a la felicidad. La morfina, la bendita morfina.
            Lo que no sabe es que también se lleva en la boca el sabor de una aceituna inventada, en los ojos la luz de un Mediterráneo lejanísimo, en la piel los dedos de alguien que ya ha olvidado su nombre.

miércoles, 21 de agosto de 2013

SE ALQUILAN TRASTEROS


 

Bajo mi piso se alquilan trasteros.


Tres veces al día oigo el metálico chirriar de las puertas,

tres turnos de gentes que guardan silencio

en idiomas extraños.

Cuatro metros cuadrados

donde la soledad apenas cabe;

cuatro esquinas de un colchón amarillo

donde restañar el miedo, las ausencias y los esqueletos.

Y un cajón de fruta donde guardarlo todo.

Abajo

llora un hombre de voz tan dura como un naufragio, como un desierto, como un baobab.

Gime palabras que suenan a arena removida en los charcos.

El trastero es oscuro, estrecho,

profundo, húmedo,

frío como una tumba

y es su muerte pequeña cada noche

¿Serán tan frías las tumbas?

 

 

martes, 16 de julio de 2013

ME HAN CONCEDIDO EL PREMIO DE POESIA "ELADIO CABAÑERO"

Fernando Cámara y Mª Lorenza Fernández ganan los premios de narrativa y poesía de la LXIII Fiesta de las Letras
10 de Julio de 2013
Los cinco premios han sido concedidos por unanimidad de los miembros del jurado – Completan el cuadro Pilar Merino, Francisco Navarro y José Antonio Jareño, estos dos últimos ganadores de los premios locales de narración y poesía
Los certámenes literarios de la LXIII Edición de la Fiesta de las Letras “Ciudad de Tomelloso” ya tienen ganadores. Ayer se reunió el jurado, un jurado presidido por la concejala de Cultura Mª Dolores Coronado que quiso destacar el alto nivel de participación y la composición del mismo, “un jurado excelente”, dijo. Antes de dar a conocer a los premiados, la concejala quiso recordar que el Ayuntamiento de Tomelloso ha mantenido la dotación económica de estos premios, consciente de la importancia que tiene el fomento y la difusión de la cultura e interesado porque Tomelloso siga siendo un referente en el mundo de las letras y las artes.
El jurado de los premios de narrativa compuesto por Sonia García Soubriet, David Panadero, Óscar Urra y Jesús Egido concedió por unanimidad a “Con todo el odio de nuestro corazón”, de Fernando Cámara, el XVI Premio “Francisco García Pavón” de Narrativa dotado con 7.500 euros y la publicación del libro. Fernando Cámara, madrileño, escritor, guionista y director de cine, según explicó el jurado, “ha presentado una obra oportuna por el tema que trata, muy bien estructurada y con tiempos perfectamente medidos”. Cuenta la historia de 3 personajes desbocados, anómalos y extraños que los hace imprevisibles en una trama en la que confluyen perfectamente.
En cuanto al premio local de narraciones “Félix Grande” ha sido para el cuento “Flamenco” del escritor y periodista Francisco Navarro Navarro. Según Sonia García, se trata de un texto “estupendo con una historia muy sencilla en la que se describe una noche de juerga de un grupo de amigos y que atrapa al lector desde el primer momento”. Con un sentido del humor oculto pero palpable, “Flamenco” recrea a la perfección “ese ambiente espeso y turbio del mundo de la noche”.
También se fallaron ayer en el museo López Torres los premios de poesía. El jurado compuesto por Luis Alberto de Cuenca, Félix Grande, José Esteban Gonzalo y Jesús Urceloy concedió por unanimidad a “Metamorfosis cotidinas”, de María Lorenza Fernández Ferrer, el XVI Premio Eladio Cabañero de Poesía dotado con 4.500 euros y la publicación del poemario. La autora es licenciada en Geografía e Historia y ha publicado varios poemarios. Félix Grande fue el encargado de presentarlo. Según explicó, se trata de un libro “emocional y moralmente lleno de gravedad y al mismo tiempo con un despojamiento técnico que acentúa esta gravedad en lugar de disminuirla”. Narra emociones personales y colectivas, poemas sociales, dijo Grande, “extraordinariamente modernos y actuales”.
En cuanto al premio José Antonio Torres dotado con 2.000 euros y diploma, también contó con mucha participación. El premio fue para Pilar Merino de Tomelloso por su trabajo titulado “Ratonera”. Jesús Urceloy lo definió como un poema “valiente, agresivo y con un final muy digno”.
Por último, el premio local “Ángel López Martínez” ha sido para J. Antonio Jareño por su trabajo titulado “Perdida la esperanza”, una biografía lírica, según Luis Alberto de Cuenca, “sincera y profunda que hunde sus raíces en la tierra manchega”.
Los premios se entregarán en el acto central de la Fiesta de las Letras que se celebra en el Teatro Municipal el 30 de agosto.


martes, 9 de julio de 2013

RECITAL







Se hace saber que el lunes 15 de julio, a eso de las 21 horas, participo en un recital, así como para ir terminando el "curso recitalero" y darle a las musas y al personal tumbona y barbacoa hasta septiembre.

Será el VIII Sueño el peso de las nubes
 
 
¿Y DONDE? PUES ES...
 
La noche boca arriba   Salitre 30  Lavapiés
 
 
 
 
Habrá SORPRESAS, a cargo del grupo poético "Los pelucas del Lago Constanza"
Os esperamos.

miércoles, 3 de julio de 2013

EN BUSCA DE ALGO LLAMADO INSPIRACION (I)

 
 
Hace unas semanas contestaba un comentario acerca de la inspiración. ¿Existe realmente? ¿Cómo podemos atraerla cuando nos encontramos secos de ideas? Es un árbol con demasiadas ramas como para no detenernos en cada una de ellas. Para empezar, veamos qué opinan algunos grandes autores sobre el tema:
 
 
TORRENTE BALLESTER
 
No creo que haya un ángel que venga a sembrarle a uno la idea, ni ninguna musa que le cante a uno al oído. Es más bien un problema psicológico que está poco estudiado, pero que me interesa bastante. Hay un estímulo interno o externo que de pronto pone en juego todo un sistema de imágenes. Esta imágenes están dentro del creador organizadas, y el estímulo las despierta. Esto puede suceder de dos maneras: a menor escala, sucede cuando surge un detalle de algo que se está escribiendo y ya está consolidado en un conjunto significativo. A mayor escala puede tratarse de una visión global del conjunto: de pronto uno puede ver una obra completa y lo que le falta son los detalles. Siempre es un estímulo externo o interno, absolutamente imprevisible, el que pone en juego los sistemas de imágenes y éste estímulo es lo que llaman inspiración.
 
 
GARCIA MARQUEZ
 
Inspiración es una palabra desprestigiada por los románticos. Yo no la concibo como un estado de gracia ni como un soplo divino, sino como una reconciliación con el tema a fuerza de tenacidad y dominio. Cuando se quiere escribir algo, se establece una especie de tensión recíproca entre uno y el tema, de modo que uno atiza el tema y el tema lo atiza a uno. Hay un momento en que todos los obstáculos se derrumban, todos los conflictos se apartan, y a uno se le ocurren cosas que no había soñado y, entonces, no hay nada en la vida mejor que escribir. Esto es lo que yo llamo inspiración.
 
 
WILLIAM FAULKNER
 
Yo no sé nada sobre la inspiración, porque no sé lo que es eso. La he oído mencionar, pero nunca la he visto.
 
 
BIOY CASARES
 
¿Cómo no creer en la inspiración? Si pensamos en nuestros libros descubriremos inmediatamente que unos son frutos de la inspiración y otros del hábito. Lo que digo de los libros puede aplicarse también a la vida.
 
 
JORGE LUIS BORGES
 
Uno tiene que ejercer el hábito de escribir para ser digno de esa visita ocasional y eventual de la musa, porque si una persona no escribe nunca, y se siente inspirada, puede ser indigna de su inspiración o puede no saber cumplir con ella.
 
FRANK KAFKA
 
Me gustaría poder explicar esa sensación de felicidad que me invade de tiempo en tiempo. Se trata de algo efervescente que me llena por enterno con un suave y agradable cosquilleo, y que me persuade de que tengo capacidades, de cuya existencia puedo convencerme en cualquier instante y con toda seguridad, incluso ahora.
 
 
W. H. AUDEN
 
La musa es una niña de altos espíritus a la que no agrada ser seducida de forma brutal ni toscamente. Y tampoco le gustan las devociones esclavizadas: entonces miente.
 
 
RAY BRADBURY
 
Lo que para los demás es el inconsciente, para el escritor se convierte en la musa. Son dos nombres de lo mismo. Pero independientemente de cómo lo llamemos, allí está el centro del individuo que fingimos encomiar, al que alzamos altares y de la boca para afuera linsojeamos en nuestra sociedad democrática. Porque sólo en la totalidad de su propia experiencia que archiva y olvida, es cada hombre realmente distinto de todos los demás. Pues nadie asiste en su vida a los mismos acontecimientos en el mismo orden. Uno ve la muerte antes que otro, o conoce el amor más temprano. Cuando dos hombres ven el mismo accidente, cada uno archiva diferentes referencias, en otro lugar de su alfabeto único. En el mundo no hay cien elementos, hay dos billones. Cada uno dejará una marca diferente en espectroscopios y balanzas.
 
 
 
 
 
 
 

miércoles, 12 de junio de 2013

SALUD DE HIERRO (RELATO)




            ¿Qué si me acuerdo de la Señora Engracia, la que vivía en el segundo izquierda? ¡Como para no acordarme! Cuando vino la ambulancia a por ella ya estaba tiesecita, la pobre. ¿Sabe usted qué dijo el médico? Que si aquella mujer había durado hasta entonces era un milagro, que tenía los pulmones encharcados, las cervicales en ruinas, la sangre dura, el azúcar por las nubes, el corazón por los suelos.

            Y, ya ve usted, de lo que no me acuerdo, ni yo ni nadie, es de haberla oído quejarse, ni de esto ni de aquello, después de cuarenta años viviendo puerta con puerta. Y eso que la recuerdo siempre trabajando: fregando escaleras, cosiendo los encargos para la de la tienda de retales, echando unas horas de plancha en la lavandería. Y, entre rato y rato, pariendo hijos, dándoles el pecho, amasando croquetas, preparando vahos de eucalipto, cataplasmas de miel, tisanas de hierbaluisa. Tuvo cinco, más el último, el tonto, el que nació retrasado y a destiempo, siempre la Engracia limpiándole la baba, curándole la frente que se hería a cabezazos, sujetándole los ataques y lavándole la miseria. ¿Y qué me dice usted de la suegra? Porque a esa sí que podía uno oírla quejarse, a cualquier hora: que ay mi cabeza, que no puedo con las piernas, que la Engracia no me da de comer como Dios manda y así ando, que no duermo, que no cago, que no veo. ¿Y qué querría ver ya la vieja, con noventa y dos años cumplidos? ¡Pues anda, que el marido…! Desde que pilló la jubilación anticipada, yo creo que no hizo más esfuerzo que andar desde la cama al rellano de la escalera, y del rellano de la escalera al ambulatorio, siempre la misma pinta: en camiseta de tirantes y chanclas, sin afeitar, la nariz colorada del vino tinto, desparramaó como una bayeta sobre la barandilla de la escalera para contarle a todo el mundo que lo suyo debía de ser algo muy malo, porque los médicos no daban con ello pero él estaba que no se tenía; no como la Engracia, qué suerte, decía, la salud de hierro, ni un día la había visto metida en cama.

        
    La Engracia, es verdad, como de hierro, siempre al pie del cañón, aunque también a ella le tocó jubilarse. Pasó de fregar portales y coser y planchar vestidos para fiestas a las q siempre iban otros, a cuidar a los nietos, a recoger en casa de nuevo al Emilín, cuando la nuera le puso de patitas en la calle, a gastar su miserable pensión en alimentar cada vez más bocas, preparar fiambreras para los hijos y bocadillos de nocilla para los nietos. Siempre tendiendo ropa, zurciendo rodilleras, limpiando boquerones, amasando croquetas. Siempre “niño no subas ahí”, “Emilín, que me traes las camisas con el cuello como carbón”, “doctor, míreme a la nieta que parecen paperas”.

Ni un solo día en cama, pero cada año más flaca, más escurrida, más gris, más silenciosa. Ni para quejarse tuvo tregua, (si es que le anduvieron quejas por la cabeza), en danza hasta en plena noche (la bata guateada y la toquilla morada encima), en busca de un médico para el marido, otra extremaunción para la vieja, el Emilín inconsciente en una mesa del bar, la farmacia de guardia o la mascarilla de ventolín para los nietos.

            Nadie la había oído quejarse hasta el día que la palmó. Y hay que ver, lo que son las cosas, todos los suyos la han sobrevivido. Todos, menos el tonto. Cuando le llevó al hospital y regresó sola, las vecinas quisimos consolarla (“Mira, Engracia, mejor para todos, el pobre, total, para qué vivía, y tú, una cruz que te quitas de encima”). Y ella, sentada en un taburete, las manos vacías sobre el regazo, sin decir esta boca es mía. Aquella noche no tendió la colada, ni planchó manteles, ni preparó jarabes, ni siquiera rebozó las pescadillas, que las vecinas tuvimos que dar de cenar a la familia, para eso estamos, para las ocasiones.

            Y al día siguiente (¡cómo iba yo a olvidar ese día!) la oí quejarse una sola vez. Un “Aaaay” muy largo y perdido, como si fuera deshilachándose de su ventana a la mía. Yo le lancé una voz: “Engracia, ¿eres tú? ¿te pasa algo?”. Entre el chisporrotear del aceite y los gritos de los chiquillos en el patio, me llegó la voz de la Engracia: “Ná... Las cosas…”.

            ¡Que si me acuerdo de la Engracia! Ya ve usted, como para no acordarme. Cuando entramos en su casa nos la encontramos muerta de pie, delante de la lumbre, tiesa, pálida, sin pulso. Todavía friendo croquetas.

miércoles, 5 de junio de 2013

COMO CREAR PERSONAJES VIVOS (y IV)


 
Humanidad, personalidad, motivación. Hasta ahora hemos ido viendo que estas características deben tenerlas todos los personajes, si quieren parecer personas, y que el autor les da vida a través de lo que hacen, dicen y piensan, y de cómo se relacionan con el resto de los personajes que viven en su mundo de papel.
Pero el personaje también se define por su relación con las cosas, aparentemente sin importancia, que le rodean. Cómo le afecta el paso del tiempo o de las estaciones, qué objetos le rodean, cómo es su casa, en qué entorno se mueve, qué ropa viste, qué sensación despierta en él determinado olor, compañía, paisaje, como cambia la forma de ver lo que le rodea en función de su estado de ánimo... ¡y muchas cosas más! 
Podríamos hablar mucho acerca de MADAME BOVARY, otro de los personajes más vivos de la literatura, pero la he reservado para este punto, porque Flaubert, a quien lo gustan tanto las descripciones, nos lo pone muy fácil a la hora de buscar ejemplos.
Tomemos dos, de los muchos que podríamos elegir:
Primero, veamos cómo se aburre Emma en su mundo pequeño y provinciano. Aquí tenemos un , un jardín inmóvil, silencioso, triste y feo, como la vida real de Emma:
jardín que es todo aburrimiento
“No se oían pájaros, todo parecía dormir, el espaldar cubierto de paja y la parra como una gran serpiente enferma bajo la albardilla del muro, donde, acercándose, se veía una cochinilla de muchas patas. En las piceas, junto al seto, el cura de tricornio, que leía el breviario, había perdido el pie derecho, y hasta el yeso, desconchándose con la helada, le había puesto en la cara una sarna blanca”. 

Ahora veamos cómo se figura Emma la felicidad, el mundo y el amor ideales en el que desea vivir: En este texto sería un viaje continuo, romántico y lleno de cosas hermosas, como ella desea que sea su vida:

“Al galope de cuatro caballos, la llevaban desde hacía ocho días hacia un país nuevo, de donde no volverían nunca. Caminaban, caminaban, cogidos del brazo, sin hablar. De vez en cuando divisaban de pronto, desde lo alto de una montaña, una ciudad espléndida con cúpulas, puentes, navíos bosques de limoneros y catedrales de mármol blanco, en cuyos puntiagudos campanarios se veían nidos de cigüeña.”

¿Tienen realmente importancia  el triste jardín o el viaje soñado para que Emma y su historia se conviertan en algo real? Por supuesto. Después de todo es precisamente el choque entre el mundo real y el que sueña vivir el conflicto que la llevará al suicidio.  
Emma Bovary: aquí tenemos un gran personaje de mujer , escrito por un hombre. El propio Flaubert dijo "Madame Bovary cést moi" , hasta tal punto había puesto su experiencia humana en su personaje, aunque no compartiera con ella edad, profesión, sexo, y se sentía capaz de ponerse en el lugar de su protagonista.
Y también, si damos marcha atrás, recordaremos que, en anteriores entregas, nos hemos encontrado con una señora inglesa que se pone en la piel de un monstruo, y con un cantor griego, probablemente ciego y analfabeto, que dio vida a un mundo lleno de imágenes y hermosas palabras.
¿Qué conclusión podemos sacar de esto? La de que no hay que hacer caso cuando nos dicen que un escritor sólo puede escribir sobre lo que siente o lo que es: el buen escritor de novela, el buen creador de personajes vivos, no lo es porque haya tenido una vida más interesante que el resto de los mortales, sino por otras virtudes: Capacidad de observación, imaginación y el arte de trabajar las palabras hasta conseguir crear con ellas un personaje real que viva dentro de un libro...

Gustave Flaubert

Si sospecha que ese personaje va a vivir más años que él mismo, se sentirá feliz, como el padre que aspira a que su hijo viva muchos, muchos más años que él. Seguramente Flaubert no imagino que Madame Bovary le sobreviviría tantos.