viernes, 14 de septiembre de 2012

RECITAL POR CIUDAD JUAREZ




El pasado día siete, Toño Jerez realizó un recital de poesía para Ciudad Juarez, recitales que se realizaban simultáneamente en varias ciudades del mundo, y que retransmitió en su programa  de Radio Candil "Malanoche  ". Aquí os envío el enlace, por si queréis escucharlo.
Aunque no pude asistir, también se leyó un poema mío ("Vienen sangrando"). Está en el minuto 29:32 de emisión.
Ya otras veces ha tenido Toño la deferencia de incluir poemas míos en su programa. Esta vez se lo agradezco especialmente: al menos q podamos contribuir a denunciar la situación de Ciudad Juarez y a apoyar a los activistas q no se rinden con nuestros poemas.

http://www.ivoox.com/programa-malanoche-07-09-12-audios-mp3_rf_1415223_1.html


Toño Jerez, el incombustible de poderosa voz.


lunes, 10 de septiembre de 2012

"EL VINO DEL ESTÍO" : manual de vida


Mi descubrimiento literario de este verano es el libro más hermoso que recuerdo haber leído: “El vino del estío”, de Ray Bradbury. Una novela que trata precisamente de veranos y descubrimientos.
Douglas es un niño de doce años que vive las vacaciones con su familia en un pequeño pueblo de los Estados Unidos. Ese será el verano donde haga dos descubrimientos trascendentales: que está vivo y que algún día morirá. Con un lenguaje poético y unas descripciones sorprendentes, Bradbury nos lleva a través de esos descubrimientos, emociones y momentos de lucidez:
“Estoy vivo, pensó.
La hierba murmuraba bajo el cuerpo de Douglas. Bajó el brazo, con su vaina de pelusa, y sintió, muy lejos, allá, los dedos que crujían en los zapatos. El viento suspiró en los caracoles de las orejas. El mundo se deslizó brillantemente por la superficie vidriosa de los ojos, como imágenes centelleantes en una esfera de cristal. Las flores eran de sol y encendidos puntos celestes, esparcidas por el bosque. Los pájaros aleteaban como piedras que golpeasen la superficie del vasto e invertido estanque del cielo. El aire pasaba con violencia entre los dientes, entrando como hielo, saliendo como llamas. Los insectos conmovían el aire con una claridad eléctrica. Diez mil cabellos crecieron un millonésimo de centímetro en la cabeza de Douglas. Oyó los corazones gemelos que le golpeaban los oídos, el tercer corazón que le golpeaba la garganta, los dos corazones que latían en las muñecas, el corazón real en el pecho. La piel se le abrió en un millón de poros.
¡Estoy realmente vivo!, pensó, ¡Nunca lo supe, y si lo supe no recuerdo!
Aulló en silencio una docena de veces. Piénsalo, ¡piénsalo! ¡Doce años y ahora lo descubro! Este raro reloj, este brillante mecanismo dorado que debe marchar durante años, dejado bajo un árbol, encontrado en una pelea.
-Doug –dijo su hermano- ¿qué te pasa?
-Tom… ¿saben todos en el mundo… que están vivos?”
Pero no encontraremos sólo la iniciación vital de Douglas: por las páginas de esta novela pasan multitud de personajes que, a través de la mirada de los niños, adquieren ese hálito de magia que se nos pasa tan fácilmente por alto a los adultos a fuerza de acostumbrarnos a lo maravilloso. Pequeñas historias cotidianas que son lecciones de vitalidad y de sabiduría. El último viaje del tranvía, que es la pérdida de la lentitud, la calma, el lento disfrutar de la vida. El cargamento de maravillas del trapero. Tomar hielo con sabor a vainilla en pleno verano. La Cañada, donde acecha todo lo tenebroso, y hasta un asesino local. Madame Tarot, la adivina de cera de la feria. El poder de brujería que a la Sra. Goodwater concedió el miedo de su vecina Elmira. Cada día del verano embotellado en el vino del abuelo. Las alas mágicas de unas zapatillas nuevas. El amor del joven señor Forrester, que se enamoró de la señorita Loomis por una foto, sin saber que era de cincuenta años atrás, y en quien la señorita Loomis encuentra su alma gemela poco antes de morir. La “máquina de la felicidad” que inventa Leo Auffman, y que solo consigue hacer desgraciado a quien entra en ella:
“Y entonces, dentro de la Máquina de la Felicidad, Lena Auffman se echó a llorar.
Leo Auffman, aturdido, apagó la máquina.
-¡Oh, qué cosa más triste! –gimió Lena-. Me siento mal, terriblemente mal. –Salió de la máquina. Primero París…
-¿Qué tiene de malo París?
-Nunca pensé que estaría en París algún día. Pero ahora me has hecho pensar: ¡París! Y de pronto quise estar en París, ¡y supe que no estaba!
-Es casi como si  fuera cierto.
-No. Sentada ahí comprendí. Pensé, ¡no es cierto! –Lena miró a su marido con ojos grandes, oscuros y húmedos– ( )Y me hiciste bailar. No bailamos desde hace veinte años.
-¡Te llevaré a bailar mañana a la noche!
-¡No, no! No es importante, no tiene que ser importante. Pero tu máquina dice que es importante. Y lo creí. ( ) Y la máquina me dijo “Eres joven”. Y no lo soy. ¡Miente esa Máquina de la Tristeza!
-¿Tristeza por qué?
La mujer estaba ahora más tranquila.
-Leo, cometiste un error. Olvidaste que en algún momento, algún día, uno tendría que salir de aquí e ir a lavar platos y hacer camas. Cuando estás dentro, sí, la puesta de sol parece eterna, el aire huele bien, la temperatura es agradable. Todo lo que quieres que dure, dura. Pero fuera, los chicos esperan el almuerzo, las ropas necesitan botones. Y, seamos francos, Leo, ¿Cuánto tiempo puedes mirar una puesta de sol? ¿Quién quiere que una puesta de sol no acabe nunca? ( ) Las puestas de sol son hermosas porque sólo ocurren una vez y desaparecen.”
Mientras los mayores se pelean con sus miedos y con su búsqueda de la felicidad, los viejos parecen tener mucho que enseñarnos sobre ese camino, como el placer de disfrutar cada momento con lo que se hace (el abuelo de Douglas y su ritual de cortar la hierba o embotellar el vino, la bisabuela, la hormiguita que mueve la casa hasta el día de su muerte) y comprender esos momentos han pasado y es el momento de morir.

“-Tom- dijo la anciana débilmente, desde muy lejos-, en los Mares del Sur los hombres saben un día que es tiempo de estrechar la mano de los amigos y decir adiós, y embarcarse. Así lo hacen, y es natural, es la hora. Así es hoy. Yo soy muy parecida a ti, cuando te quedas en el cine los sábados, desde la tarde hasta las ocho o las nueve, y hay que enviar a tu padre para que te traiga a casa. Pero, Tom, cuando los mismos cowboys empiezan a disparar contra los mismos indios en las mismas montañas, entonces es mejor levantarse y marcharse, sin arrepentirse ni darse la vuelta. Así me voy, mientras soy feliz y no me he aburrido. ( ) Yo lo he dicho todo a su hora. He probado todos los platos y he bailado todos los bailes; ahora he aquí una tarta que no he mordido, una canción que no he silbado. Pero no tengo miedo. Soy verdaderamente curiosa. La muerte no meterá ningún mendrugo en mi boca que yo no saboree con cuidado.”
 Los ancianos son un reducto de sabiduría, una enciclopedia de historia viva, como el Coronel, a quien los niños llaman “la máquina del tiempo”. Pero, a su vez, ellos también aprenden hasta el último momento, porque la vida es una asignatura que nunca terminamos de conocer por completo. Como la señora Bentley que, enfadada porque los niños no creen que ella ha sido también niña, por más que se lo intente demostrar con fotografías o documentos, comprende que ella no es pasado, sino presente, como le hubiese dicho su difunto marido:

“-Querida mía –había dicho el señor Bentley- nunca entenderás el tiempo, ¿no es verdad? Siempre intentando ser lo que fuiste en vez de ser lo que eres.
¿Y si él hubiese estado vivo esta noche, qué diría?
-Estás guardando capullos de gusanos –eso diría- Corsés, en cierto modo, que ya nunca podrán servirte. ¿Por qué? No puedes probar realmente que fuiste joven. ¿Retratos? No, mienten. No eres el retrato.
-¿Documentos?
-No, querida. No eres las fechas, ni la tinta, ni el papel. No eres esos baúles llenos de restos inútiles y polvo. Eres sólo tú, aquí, ahora… el tú presente.”
Pero los niños también tienen sus propias preguntas, inquietudes, dolor por las pérdidas, y miedos, no tan lejanos de los de los mayores. El descubrimiento de que el mundo cambia, las máquinas se rompen, los amigos se van, lo seres queridos fallecen y él mismo morirá algún día, como una verdad universal, sume a Douglas en una enfermedad grave, pero común: la tristeza. Una enfermedad que le lleva cerca de la muerte y de la que solo le salvará alguien que la conoce bien: el señor Jonás, el trapero:
“-Algunas personas se vuelven tristes cuando son aún terriblemente jóvenes. Sin motivo especial, parece. Casi como si hubiesen nacido así. Se lastiman más fácilmente, se cansan más pronto, lloran más, recuerdan más. Y, como digo, se vuelven tristes antes que nadie en el mundo. Lo sé, pues soy uno de ellos.”

Pero el señor Jonás, que se dedica a reunir en su carro y repartir luego lo que a unos les sobra y otros necesitan, tiene un remedio para Douglas:
“Alzó una botella a la luz.
-Marca Crepúsculo Verde de Sueños, Aire puro del Norte –leyó-. Sacado de la atmósfera del Artico Blanco en la primavera del año 1900 y mezclado con el viento del valle superior del Hudson del mes de abril de 1910, y con partículas de polvo que brillaron a la puesta de sol en los prados de Grinnel, Iowa, cuando se alzó un viento fresco que pasó sobre un lago, un arroyo y un manantial. ( ) Contiene asimismo moléculas de vapor de mentol, papaya, lima y melones, y muchas otras frutas de olor a agua y sabor fresco, y árboles como el alcanfor y hierbas perennes y una brisa que venía del río Des Plaines. Garantizamos frescura”
El aire fresco que limpia el corazón maltrecho de Douglas, y le impregna del amor incondicional a la vida y del sentimiento de que no está solo, el único remedio para las pérdidas y para el miedo. El final del verano puede convertirse en la esperanza de un verano aún mejor.
“-Tengo un presentimiento –dijo Douglas.
-¿Qué?
-El año próximo será todavía más grande, los serán más brillantes, las noches más largas y oscuras, morirá más gente, nacerán más bebés, y yo estaré en medio de todo.
-Tú y dos billones de personas más, Doug, recuérdalo.
-Un día como hoy –murmuró Douglas- siento que estaré… solo.
-Si necesitas ayuda –dijo Tom- da un grito.
-¿Qué puede hacer un hermano de diez años?
-Un hermano de diez años tendrá once el año próximo. Desenrollaré el mundo como la banda de una pelota de golf todas las mañanas, y lo pondré como antes todas las noches. Te mostraré cómo, si quieres.
-Estás loco.
-Siempre lo estuve –Tom se puso bizco y sacó la lengua- Siempre lo estaré.

Un libro para disfrutar como lectores, como seres humanos, como habitantes del mundo. Pero también para investigar como escritores. La próxima semana tomaré un texto de la novela para intentar destriparla y averiguar qué pócima utiliza Bradbury para escribir así. Tal vez se la dio Jonás, el trapero. Tal vez podamos desmenuzar los ingredientes.
Ray Bradbury

miércoles, 5 de septiembre de 2012

"MITOLOGIA DE LAS PIEDRAS" YA ESTÁ A LA VENTA

 
 
 
Saludos postvacacionales, colegas de letras.
Calentando motores para los proyectos q se abren con el curso, limpiando de telarañas las teclas del word y las neuronas poéticas, espero.
Mientras, os cuento q ya está disponible mi poemario "Mitología de las piedras", ed. Amargord, colección Avena Loca. Podéis pedírselo a vuestro librero, o encargarlo directamente a la editorial : http.//amargordediciones.es. Si no han cambiado las condiciones, no cobran gastos de envío.
 

 
 
 
 
 
 

viernes, 3 de agosto de 2012

X PAN.- ENCUENTRO DE POESÍA Y ARTE DE VANGUARDIA EN EL MEDIO RURAL


Los pasados , 13, 14 y 15 de julio tuve la estupenda experiencia de asistir, con un grupo de amigos poetas, al PAN, el encuentro de arte vanguardista que se celebra en la villa de Morille, Salamanca, desde hace ya 10 años, y que este año tenía a la poesía como protagonista.
La estación de autobuses
Pero el PAN va más allá de la poesía, del arte y de la experimentación. El propio pueblo es un continuo descubrimiento artístico, y el entusiasmo y la participación de sus habitantes algo que estimula y sorprende.
Nada más llegar asistimos a la inauguración de las jornadas, en una estación de autobuses que ya es en sí una obra de arte y de imaginación. De ahí, a un recital poético que recorría el cementerio de arte, un espacio único donde, cada año, un artista entierra una de sus obras de arte.
Demostración de pintura japonesa
Luego, una continua secuencia de actividades, exposiciones, charlas y recitales durante tres días. La exposición y el taller de caligrafía japonesa de Miguel Elías nos hizo disfrutar de la calma y el silencio interior, el de poesía visual de Raquel Serdio fue una puerta a la imaginación y ¡qué decir del de alta cocina okupa, de Jaime "el Gamba". La "Pan Session", donde disfrutamos cada noche de las actuaciones de grandes poetas que son también grandes showman: Jesús Urceloy, Antonio Romar, Josep Pedrals, etc. La curiosa exposición de las piedras de wolframio que las madres de Morille habían forrado de ganchillo, así como las barandas del puente, según la iniciativa del poeta Antonio Gómez.
Recitando en el Anfiteatro de la Fuente
Mis compañeros y yo también tuvimos ocasión de presentar nuestras obras, en el recital poético que se realizó en anfiteatro, con la agradable brisa del atardecer, el campo como escenario y la maravilla de contar con un público de todas las edades dispuesto a escuchar sin prejuicios.
Manifiesto gastro-poético
Tiempo para la poesía, la imaginación, el buen comer, pero también la reivindicación, cuyo momento cumbre estuvo en el "manifiesto gastropoético", realizado por Jaime el Gamba y sus compañeros, que lanzaron alimentos y desafíos contra políticos y banqueros. Ya caía la tarde del domingo cuando se mostró el video, grabado a vista de pájaro sobre Morille, para apreciar el último proyecto realizado para el  PAN 2012: un dibujo trazado en los campos de trigo, a la manera de los supuestos misteriosos círculos realizados por naves extraterrestres, que muestra hacia el firmamento un puño con el dedo corazón extendido: un aviso a los marcianos de que no les tenemos miedo ni queremos que se metan en nuestras cosas.
Esto es Morille: el arte en la vida cotidiana, el arte como juego, el arte adaptado al medio en el que vive, el arte no elitista ni populista, el arte que se regenera a pesar de las crisis. Aunque los marcianos se lo prohibieran, Morille seguiría siendo PAN. Pan bendito.

Entre una actividad y otra, siempre hay un momento, una copa y una sombra para la tertulia.

viernes, 20 de julio de 2012

VIDEO PRESENTACION "MITOLOGIA DE LAS PIEDRAS" EN LA SALA CLAMORES







GENEALOGÍA DE LOS CUCHILLOS

Tengo que matar a mi padre

antes de la medianoche.


Llegaré descalza,

las cadenas levantadas entre las manos,

para que su crujir no le prevenga

(en mi familia dormimos siempre

con los ojos abiertos).

Llegaré armada de llantos viejos, piedras del rayo, palabras calcinadas

y cuchillos,

temblando vidriosa como las fieras.

Mas, si despertara,

si, acaso, a las doce menos un minuto,

él abriera los ojos y me llamara: ¡hija!

y me pidiera en penitencia

la palabra el llanto la piedra                                                 
los cuchillos.

Si solo por un minuto aplazase su muerte

le acunaría como al niño que cenaba mendrugos de amor duro,

cuando había;

el niño que perdió entre dos guerras

la palabra la piedra el llanto

y el cuchillo

con el que su hija ha de matarle a medianoche.



OFELIA MIDE LA LONGITUD DEL TIEMPO


De cuatro a siete me cae encima esta tristeza grande de los hombros
como una bata de hospicio.
De cuatro a siete no salgo de casa.
Con puntualidad de sanatorio,
evito el móvil callado, la puerta oscura, el “no disponible”.

De cuatro a siete me quedo al borde de la nevera
buscando chocolate puro
o que el frío congele mi conciencia.

Después
consumada la certeza del silencio,
es el tiempo tan largo,
tan cansado de arrastrar el mundo,
que me tengo que inventar
poemas, pecados, orgullos, dramas ajenos,
para no morir como un perro
de siete a cuatro.


miércoles, 11 de julio de 2012

PRESENTACION DE "MITOLOGIA DE LAS PIEDRAS"

Loren Fernández, hablando de su libro
Jesús Urceloy, con los cinco poetas "avenaloqueros"



Un público estupendo
Como ya os adelanté, el pasado 30 de junio presenté mi libro de poemas "Mitología de las piedras" en la sala Clamores, de Madrid, dentro de la colección "Avena Loca" de ediciones Amargord, en la que también presentaron sus libros Esther Madrigal, Carlos Tejero y, en reedición, Deborah Antón y JoseAntonio Rodríguez.
Pasamos un buen rato entre amigos, hubo mucha poesía, jolgorio y una entrañable presentación de Jesús Urceloy, director de la colección.

Loren Fernández, la menda lerenda, recitando uno de sus poemas



Fotos de Manolo Fernández (que no es mi primo, oiga)



lunes, 2 de julio de 2012

JOSE LUIS MORANTE Y JUAN CARLOS MESTRE: FIN DE CURSO DE LUJO POÉTICO

Terminamos el curso "claustro poético" en la Piscifactoria, con un regalo de lujo por parte de nuestro "director de claustro", Jesús Urceloy: la ocasión de charlar y escuchar a Jose Luis Morante y Juan Carlos Mestre. Conmovernos con sus poemas, aprender de su experiencia de escritores, y sorprendernos de la sencillez, la calidez y la cercanía de tan grandes poetas.
Gracias, y buen verano a todos.

Con Juan Carlos Mestre y Jesús Urceloy


La nostalgia es un pájaro que enciende su rumor en la noche
En una ciudad de provincia. En una ciudad con tiendas de ultramarinos y ángeles que cruzan el cielo en bicicleta.
Es una tarde de domingo, a eso de la tibia luz del anochecer cuando aún no han dado las ocho.

Bajo la dulce curva de los soportales las muchachas como yedras fragantes ensueñan el melado torso de los jóvenes.

Mi memoria advierte esa dicha, el celeste vapor que los labios exhalan entre palabras secretas. Lo que recuerdo es
hermoso, como el aceite que resbala de una tea encendida y fulgente se esparce sobre los cuerpos desnudos,
sobre el súbito mármol de los amantes dormidos.

Lo que borda la ternura sobre los valles del Bierzo, lo que lentamente abolido aún palpita como un rubí en el melodioso
pico de los pájaros. Así os he sentido, libres y gozosos días donde viví cansado por la luz, radiante, estremecido,
hijo de la tristeza y los relámpagos.

En una ciudad de provincia. En una ciudad con escaparates y jardines y trenes silenciosos. En una oscuridad amenazada
por el muro cinerario de la aurora.

El otoño era bello, nuestros pensamientos tenían la sonrisa del niño que se baña en el río. Como nacidos del puente o
de la torre, como la piedra, despacio, el deseo de la aventura fue huyendo de nosotros, como la albahaca de los oteros
de junio, como el jaspe que lanzado por la honda silba brillante hacia los cielos.

Llueve, esa gente que soy y que conozco ha salido a la calle, al céfiro suave de los dialectos del monte. La noche ha puesto
lámparas apagadas en los nidos vacíos, solitarios pastores en las tristes cañadas del otoño.

Ya lo sabéis, como esa postal borrada por el sol que guarda en su zurrón un cartero celoso. 


JUAN CARLOS MESTRE



Jose Luis Morante, con los miembros del Claustro de Poesía





Aforismos del trópico

Para los que caminan extraviados en el pesimismo

Las gafas de sol ocultan una mirada estrábica.

Alquiló una sonrisa respetable para fingimientos y usos cívicos.

Tarde de café con reproches y una burbuja onírica que respalda el pasado común.

Ese tenso diálogo entre una cobardía expansiva y el remordimiento.

Su optimismo sugiere que la lógica cierra el camino al caos.

Músculos vigorosos, épicos, espartanos para transportar un paraguas en los días de lluvia.

Tras el largo proceso de aprendizaje, no sé masticar chicle.

Tartamudez de ideas.

Una biografía llena de traspiés. Como Cervantes.

De su ignorancia aprendí mucho. Pero no lo sabe.

Es tarde; el momento justo de hacer casi todo.

¿Vidas? Patéticas imitaciones que súbitamente se desvanecen.
JOSE LUIS MORANTE