miércoles, 23 de abril de 2014

RENACER


 

Respiro y trago en cada contracción
voluntad de cangrejo,

arena y agua.

He decidió parirme a mí misma

con las lágrimas justas en los pulmones

y la tenacidad de los helechos.

Soy mi propia madre y su propia hija,

que entre las bocanadas de placenta

devuelve al remitente los dolores aprendidos

y heredados.

 
Escarbo con los puños
en la trampa cuna que me asfixia y me protege

del miedo a las hogueras y a los  sapos.

Me urge parirme

voy marcando fronteras al instinto de muerte

y mi cabeza embiste contra el cuello de un útero

de porcelana

que se niega a herirme con la vida.

 
Me doy a luz
inocente y con piel de armadillo,

invencible como un alfiler, frágil

como las tormentas que devoran cedros y bahías,

pues de mi propio vientre

nací

sin ayeres hundidos en la nuca

ni futuros labrados más allá

de este primer instante.